Voy a hablar un poco de Frechilla de los años 60 y 70. Una década
dura en la que predominó la emigración a otras ciudades con industria.
La gente se marchaba en busca de una vida mejor y Frechilla poco a poco se quedaba
sin cosas que tenía como escuelas, juzgados, farmacia, panaderos, etc.
Me pregunto qué ha pasado para que a Frechilla poco a poco lo hayan ido
arrinconando y haciendo que se vaya mermando, como su tuviera una maldición
y hubiese algún interés que no le deje salir adelante, como muchos
pueblos que después de esa década han salido adelante, se han
recuperado y han crecido.
Visita también el apartado dedicado a San Miguel
Las esteras o esterillas se hacían con respadañas.
Se cogían las respadañas y se apoyaban. Se trenzaban cinco cabos.
Se hacía un rollo muy largo con esta trenza de cinco cabos, que luego
serviría para componer la estera.
Las esteras, esterillas y esteros se formaban con la trenza de cinco cabos,
dependiendo de qué forma se eligiese a la hora de enrollarla.
Por ejemplo, si se enrollaba formando un óvalo, se llamaba esterillo.
También se podían hacer redondas, rectangulares, etc.
La trenza de cinco cabos se cosía con cordones que también estaban
hechos de respadañas. Los cordones se hacían con dos cabos.
PARA QUÉ SE UTILIZABAN
Se ponían en las casas en los portales o zaguales para limpiarnos los
zapatos, las botas, para no entrar barro (las calles estaban sin asfaltar),
etc.
Mi padre era una de las personas que las hacían. Lo recuerdo en el picaporte
donde sujetaba la tira para trenzarla. Esto era una costumbre que no creo que
ahora se haga.
Como os daréis cuenta, quien no conozca esto, es económico, ecológico
y natural
Se hacían con tierra y agua, mezclado con paja y secados al sol. Esos eran nuestros ladrillos para arreglar las paredes de las casas y corrales de casi todo el pueblo.
Con los cántaros y cantarillas se iba a por agua. Ese trabajo lo hacían
normalmente las mujeres y niños / as durante todo el año para
beber agua y hacer comidas. Se llenaban tinajas grandes.
Para las demás cosas, en la mayoría de las casas tenían
pozo con agua, que servía para lavar, fregar, etc.
También se iba al río con la ropa y la tabla para lavar. Esto
yo lo conocí poco pero existió.
Quitar los cardos para que la simiente saliera con más fuerza y diese más legumbre.
Lentejas, muelas, garbanzos. Se hacía desde el amanecer hasta el mediodía,
para trabajar mejor con la fresca. A mediodía el sol calentaba mucho
más y no se podía trabajar. Así nos quitábamos las
horas más fuertes; en Frechilla el sol calienta mucho en verano. Después
de una siesta para descansar de la madrugada, se continuaba hasta el anochecer.
En el campo se trabajaba de sol a sol.
Arrancando lentejas, sitúo a mi hermano Ignacio, porque sólo fui
un año a arrancar, pero él iba muchos con mi madre. Lo pondría
en todos los sitios, como a los demás hermanos y hermanas, pero Ignacio
era un niño travieso, pero muy gracioso.
Ahí está una canción que no paraba de cantar entres los
ringles de lentejas con su gracia.
"Juan le llamaban y le apodaban charrasquiado,
era valiente y arriesgado en el amor
y a las mujeres más bonitas conquistaba.
Y en esos campos no queda ni una flor.
Érase un día que se andaba emborrachando,
y a la cantina le fueron a buscar.
Márchate Juan, te andan buscando,
son muchos hombres, no te vayan a matar.
No le dio tiempo a montar en su caballo,
cuando una bala le atravesó el corazón.
En la montaña llora un niño."
Igna, lo demás te lo dices tú, que yo no me acuerdo de más.
Creo que era la época del año que más se trabajaba. Segar,
trillar, veldar, acarrear, todo esto se hacía a mano hasta que llegaron
las cosechadoras y se hizo el trabajo más humano.
También recuerdo las eras, con los trillos y las máquinas de veldar,
los carros y esas mallas que ponían con sogas para traer lo segado para
la trilla.
Las noches de verano tomando la fresca y jugando al esconderite y correr con
los chicos y chicas mientras las mujeres esperaban que sus hombres llegaran
de acarrear del campo.
Respigar se hacía después de quitar las morenas o montones de
trigo, cebada, con el fardel y costales que eran sacos grandes de lona que se
ataban y transportaban al hombro.
Se llenaban todo lo que se podía. Se extendía en los patios al
sol, y se machacaba con una maza hasta que se desprendía el grano de
la paja. Con la criba se cribaba esa comida para gallinas.
Se aprovechaba la paja, claro, no hay que desperdiciar nada, todo sirve. La paja servía para tener calor en Invierno y poner el puchero al amor de la lumbre.
¡¡Qué comida más rica!!. Poco a poco se cocía.
Esto ahora no se conoce, sólo queda en el recuerdo.
La paja se metía donde había boquerones o ventana. Se podía
meter directamente desde los remolques con una orca de madera, que era para
la paja. También se podía meter como en mi casa, a sacos al hombro
hasta el pajar. Esto era bastante habitual, y cuanta más gente hubiese,
pues mejor. Era un constante ir y venir durante un día.
Había que llenar bien el pajar en el invierno, porque era frío
y largo.
La paja se utilizaba también para la cama de los animales. ¡¡Qué
de trabajos había que hacer para vivir por esos años!!
En mi memoria está lejos, muy lejos. Yo era muy pequeña, nací
a mitad de los 50, así que parte de estos recuerdos son muy difusos.
Vaciar los corrales de los desperdicios orgánicos como hoy se dice,
(basura), la porquería de las marraneras, o paja de los animales donde
orinaban y evacuaban.
Igual que las personas, porque no teníamos váter sino corral.
Con el culo al aire se hacían las necesidades, o en orinales.
Imaginad qué olores se tenían que aguantar en las casas que no
tenían puerta.
Traseras por el medio de la casa con carretillas hasta la puerta en un montón
mientras se lo llevaban a las tierras para abonarlas.
Lo hacían pronto porque el abono y los deshechos olían fatal al
ser movidos con orcas de hierro. En el corral durante el año no olía
tanto.
No teníamos baños, pero nunca estábamos sucios (por lo
menos nosotros). Nuestra madre nos metía en unas palanganas o baldes
y nos pegaba buenos restregones con un estropajo y piedra pómez. Decía
que la pobreza no estaba reñida con la limpieza, y nos dejaba bien coloraditos.
Nos lavaba el pelo con jabón de lavar. No existían los champús
ni los geles.
Un día mi madre tenía un balde blanco hondo en el patio para que
el agua se calentase al sol y lavarme la cabeza.
Mi hermana pequeña, que se llama Tinina se metió de cabeza y la
tuvieron que sacar; estaba completamente morada del agua que había tragado.
Menudo susto que nos dio. Tenía uno o dos años. Todavía
no sé cómo pudo abrir la puerta del patio.
Estuvo durante unas horas muy mal; el médico y el practicante estuvieron
poniéndoles bolsas de agua caliente para cogiera temperatura. Gracias,
Valentina Torres porque sigues con nosotros.
Paseando por las calles encontrábamos a las mujeres cosiendo y charlando;
hacían toda clase de labores: zurcir, bordar, echar piezas, sábanas
y pantalones, tejer, vainicas.
Las niñas cogíamos los trozos que sobraban para fabricarnos nuestras
muñecas de trapo y vestidos. Igual no lo creéis pero es verdad.
La cabeza la hacíamos como la del azulete, pero con trapos. El cuerpo
era un rollo un poco aplastado al que por un lado se le ponía la cabeza
y por el otro las piernas. Se le ponían los brazos a los lados.
Le poníamos lana de pelo; y si teníamos mucha les poníamos
trenzas y flequillo. Le cosía ojos y boca y ya teníamos muñeca.
Más tarde los vestidos y así poco a poco aprendíamos a
coser.
En la escuela nos enseñaban a bordar.
En la carretera cerca de la Iglesia estaba la escuela de párvulos.
Los cagarrones como decían niños y niñas pequeños.
Recuerdo la cartilla y el coton, que era un libro para empezar y aprender a
leer.
Estaban las pizarras y los pizarrines para aprender a escribir. Más tarde
pasábamos a las escuelas de los mayores al final de la carretera para
ir a Guaza juntos, aunque las escuelas de niños y niñas estaban
separadas.
Con los chicos estaba Don Gaudencio. Él se preocupaba por enseñarles
y castigarles.
En la de las niñas estaba Doña Isacia. Teníamos la enciclopedia
de Álvarez (1ª, 2ª y 3ª y los Evangelios de Historia Sagrada.
Las tardes las dedicábamos a bordar y coser.
Una de las cosas que tengo grabadas en la memoria de la escuela es el "Cara
al sol" que cantábamos a la salida.
El rezar a la entrada y el Ángelus lo veía normal, pero no el
"Cara al sol" a la salida.
Más tarde comprendí por qué se hacía esto.
La leche que nos daban en el recreo era de polvos; un sabor un poco resquemado
por la que nos teníamos que pegar todas las niñas en una fila
(y en otra fila los niños).
Mi tía Pura la hacía y estaba encargada de repartirla.
Aprendíamos las tablas y provincias cantando, Los versos para la virgen
de Mayo ... ¡Tantas cosas que nos enseñaban!.
Bueno, algún castigo que otro también caía. Nos hacían
juntar los dedos y nos daban con una regla. Éstas cosas no pasarían
hoy.
Son más los recuerdos buenos de la escuela que los palos; fue una pena, pero la escuela se cerró como centro de enseñanza.
Estamos en el otoño; con ese color ocre, no se ve el final del campo,
es como si fuese un mar de tierra.
En Frechilla había majuelos, y teníamos que vendimiar. No había
mucha cantidad de uva, pero se vendimiaba.
La gente ayudaba a los que tenían majuelos y otros trabajaban para ellos.
Les invitan a almorzar y comer por ayudar. Unos vendimian y otros sacan cestos
a la carriola. Es último viaje es un carro para traer a las personas
que vienen cantantado: "Venimos de vendimiar de la lindota y traemos uvas
como bellotas".
Recuerdo el lagar de la Sra Eutiquia; érte era uno de los que había.
Era de uso personal. Me acuerdo porque era vecina.
Recuerdo el olor del racimo de uva después de pisado; me parece que los
llamaban orujo.
En esta época del año había que arar y sembrar. Bueno,
es que el Invierno es muy largo; no por la estación sino por la temperatura
de Octubre a Abril o S. Miguel hay que encender
la calefacción.
No había calefacción, y el frío era muy fuerte. El que
más y el que menos tenía paja en el pajar. A primeras horas de
la mañana se hacía la lumbre y duraba todo el día y la
noche, de forma que no pasásemos tanto frío.
En las tortas se ponía un cobertor o manta y ropones para luego calentar
la cama, porque el calor no era para toda la casa, sino para los lugares con
trebede o gloria que estaban en las cocinas o estufas. El resto de la casa estaba
fría. Por eso se hacían la vida en estas habitaciones y se decía
"Cierra la puerta que se marcha el gato".
¡Qué gusto me daba estar descalza en la estufa con el suelo tan
calentito!
Tenía dos caños y todo alrededor hueco donde pasaba el calor y
filtraba algo a una habitación.
La trebede era como una cama pero de ladrillo hueca que se enrojaba al hacer
lumbre que es el mismo sistema pero más pequeña. Estaba por encima
del suelo en el que las personas se sentaban y ponían el puchero o la
pucherilla de barro con la comida.
¡Qué alubias! En mi vida las he comido mejor. Mi madre las ponía
bien, pero mi tía Upe fenomenal.
Recuerdo con mucho cariño a nuestra madre, contando cuentos para entretenernos
y así no salíamos fuera para coger frío. No teníamos
televisión, y con algo nos tenían que entretener.
Oían la radio con sus novelas de Guillermo Sansir Casaseca, el Cimbalillo
(que eran las noticias provinciales, en las que el Sr. Plácido era corresponsal
o algo parecido, y de vez en cuando decía alguna cosa), el parte, RNE,
discos dedicados de España para los españoles que habían
salido fuera...
Comer, cenar, coser, tejer, .... todo el día en esas habitaciones. Por
eso no teníamos frío, aunque hacerlo lo hacía, y mucho.
Caían chuzos de punta de las heladas tan fuertes.
Frechilla es un pueblo en el que hay cazadores de escopeta y cazadores de perros.
A mi padre le gustaba cazar con perros.
Siempre teníamos galgos en invierno (para la caza de la liebre).
Los cazadores hacían cuadrillas y se marchaban con los perros de caza.
Otros cazaban o tiraban tiros con la escopeta a las palomas.
En verano después de segar está la época de la caza de
la perdiz, la codorniz, etc
Las personas disfrutaban de la caza, pues por esos años todo servía
de alimento y disfrute. Los años eran duros, no se podía despreciar
nada.
Durante meses se criaban los cerdos para la matanza. Esto era un rito o festín
familiar. Digo esto no por la diversión, sino por la manera de hacerlo,
porque se trabajaba mucho.
Yo lo voy a contar como más o menos me acuerdo.
Llega el matarife (en mi casa era mi tío Nicolás). Entre mi padre
y mi primo Daniel sujetaban el cerdo (¡qué chillos daba el pobre
animal!); mi madre estaba de rodillas removiendo la sangre que va cayendo en
un barreño de barro para que no coagule. Esta sangre se utiliza para
hacer morcillas.
Tostaban al cerdo con pajas por todos los lados, le sacaban las tripas y los
entrecijos. Esperaban el resultado del veterinario, con el cerdo colgado de
una viga del portal boca abajo.
Le cortaban las orejas y el rabo (¡qué bueno que estaba!); eso
ahora no se come por las ciudades.
Sacaban el hígado y se almorzaba. Entre los familiares y los más
allegados se intercambiaba un un trozo de tocino, una morcilla, un poco de hígado,
unas jijas; así unos días mataban unos y otro día otros.
Nos pasábamos una temporada comiendo de la matanza. Luego para el resto
del año estirándolo mucho y comprando carne de vaca para los chorizos.
Todo se aprovechaba, costillas, cintas de lomo, torreznos, longaniza... Lo metían
en manteca, Los huesos se adobaban, y también las patas.
Estaban los jamones, la papada, la panceta, tocino con sal para luego colgar
y secarlo... Eran unos días movidos porque entre estazar, picar morcillas,
llenar los chorizos y el resto de taras, esos días había mucho
trabajo.
Entre la familia se ayudaban, unos días en una casa y otros días
en otra. Estas son tareas que sólo se hacen en los pueblos. Sólo
en estos se mantiene la tradición de la matanza, porque en los super
o hiper de las provincias de nuestro país compramos la carne envasada
al vacío, en rama o en lonchas.
Pero que conste que no es ni parecedio, no huele la matanza, cuando churruscan
al cerdo o el picadillo, o las morcillas. La casa y la calle quedaba impregnada
de ese olor y ese sabor tan rico, de este rico animal del que se aprovecha todo.
No sólo la recuerdo porque son fechas muy señaladas y familiares,
sino por el nacimiento de la Iglesia.
Tan bonito, digo yo que era precioso como se vivía la navidad por esos
tiempos.
Con pocas cosas pero con mucha ilusión, apreciando lo que podíamos
tener, tanto en los dulces o piñones y alguna cosa extra que se podía
comer al ir por la casa de nuestros tíos o tías para que nos diesen
las pascuas, o sea, algún dinerillo o perrilla.
Cantábamos villancicos. ¡Como añoro estar los siete juntos!,
mis padres u cuatro hermanos.
Me gustaba mucho el nacimiento o Belén de la Sra. Jesusa, la que dio
de amamantar a mi hermano Ignacio, porque no le cogía el pecho a mi madre
hasta que pudo.
Era muy bonito y así recorríamos por las casas donde nos los podían
poner porque tenían figuras.
No creáis que es como ahora que tenemos de todo: figuras, comida, y todo
lo demás. Ahora no se valora de la misma manera.
En Frechilla teníamos Reyes, como en el resto de los sitios. Melchor,
Gaspar y Baltasar iban por las casas y las calles.
Pero lo de dejar juguetes... como que no llegaban a mi casa.
Se les debían terminar pronto. Recuerdo un año en el que me echaron
un cabas para la escuela, y tenía dentro un cordón hueco de plástico
color rosa, de los que hace unos años se utilizaban para hacer llaveros
o pulseras. Me hizo mucha ilusión la pizarra y el pizarrín.
Me acuerdo de un año especialmente, fueron unos Reyes especiales.
Después de cenar me dice mi padre que coja a mi hermana Soco y la llevase
al callejón, que ese año iba a verlos, a los Reyes de verdad.
Con el mantón negro de mi madre, unos babis y unas sacos por la cabeza
se prepararon los tres Relles. ¡¡Como corría y lloraba mi
hermana!! De ilusión y también de miedo. No la podía llevar
a casa. Corría hacia la carretera que volaba.
Temblando dimos la vuelta por la carretera y llegamos a la plaza, y estaban
los otros Reyes, o sea, los de verdad.
Ni los miraba, de verdad. Os aseguro que han pasado unos 38 años y no
se le ha olvidado ese rey negro.
Eso es para que no lo olvides, María Socorro. El miedo y el cariño
de nuestros padres y hermanos.
Santa María de Frechilla es la virgen de Valvanera, patrona de la Rioja.
Para mí es importante, porque me une mucho. Soy natural y nacida de Frechilla
(estuve allí hasta los doce años).
Por otra parte crecí y me casé en La Rioja, con un riojano. Luego
más tarde nacieron mis cuatro hijos. Por eso significa mucho que la patrona
de La Rioja sea también la patrona de mi pueblo.
Es la patrona de donde vivo con mi familia, de donde están los restos
de mis padres; lejos de mi pueblo pero teniendo algo en común, Santa
María de Valvanera.
La primera vez que fui al monasterio sentí un escalofrío por todo
el cuerpo. Pensé que tenía que volver. Raro es el año que
no voy; me gusta subir al monasterio.
Me enteré que la virgen de Valvanera era patrona de Frechilla muchos
años depués, cuando leo el libro que escribió Don Francisco
Herreros, antiguo párroco de Frechilla.
Esto es para mis hijos, son un cincuenta por ciento de sangre castellana. No
olvidéis mis raíces, que también son las vuestras. O vosotros
también os toca, riojanos con sangre castellana.
Bueno aquí pondré unas fotografías del monasterio de Valvanera
y de la Virgen. Merece la pena ir a ver el monasterio.
Es muy bonito saber dónde están los orígenes; un bandolero
llamado Nuño la encontró dentro de un hueco de roble y rodeada
de un panal de abejas.
No se sabe cómo llegó a Frechilla, pero es nuestra patrona a la
vez que patrona de La Rioja, de los riojanos nacidos de mis cuatro hermanos
(Charo, Charo, Iván, María, Fermín, Vanesa, Álvaro,
Antonio, David, Jonathan, Jesús, Ignacio y Naiara). También tienen
algo de su tierra en Frechilla. No olvidéis este pueblo palentino, durante
toda la vida lo tienen presente por sus padres, que no dejamos ni dejaremos
de decir de dónde somos.
Había tres panaderos que hacían el pan en el mismo Frechilla.
Eran el Sr. Epifanio y el Sr. Ángel.
El otro era Agustín. Yo no recuerdo a este último. También
venían Angelito de Villalumbroso.
Había un horno y allí se hacían tanto el pan como nuestras
rosquillas y mariquitas (magdalenas), tortas, bollos y toda clase de pastas.
En este horno hace muchos años que no amasa nadia. Es la casa de mi tíos
Eusebia (que en paz descanse) y Tomás Moro.
Un recuerdo para la hermana pequeña de mi padre.
Recuerdo dos, la de Marina y la otra de mi prima Valentina Andrés. Cómo
no me voy a acordar de la última, si me daba cada tirón de pelo
que me dejaba un dolor de cabeza tremendo. Porque yo sólo me desenredaba
lo de encima, y ella lo hacía a conciencia como mi madre. Bien repeinadas
las trenzas o las coletas.
No había barrenderos; cada uno barría su propia fachada y su
parte de acera. La regábamos para que no entrara polvo a las viviendas,
y para que entrase frescura en el verano.
Nos lo pasábamos bien jugando a la tejilla y al tocalé, a la
soga, a los corros (cantando siempre que podíamos y no teníamos
que cuidar de algún hermano/a pequeño).
Los chicos jugaban con aros, tirachinas, y otras cosas. Todos juntos jugábamos
al esconderite, a policías y ladrones, etc.
Había risas y llantos por todo el pueblo.
Estamos en tierras de la vieja Castilla, un mar de campo con sus colores estacionales, paisaje único de España andando por caminos y carreteras. Vamos encontrando los palomares cercanos a los pueblos de tierra de Campos. ¡como embellece el paisaje de cobijo a la Paloma!.
Alegría para la vista y para cazadores que en tiempo de caza disfrutan
con su escopeta andando por los caminos, y tirando cuando ven una bandada
de palomas.
Es una pena ver cómo se van cayendo los palomares y qué
pocos van quedando.
Esos edificios redondos de adobe que había por los cuatro costados de Frechilla y cercanos al río... Habría que cuidarlos como si fueran monumentos históricos. Son parte de nuestro pasado y presente. ¡Ánimo a conservarlos!
Embellecen el paisaje.
E río Valdeginate era un muy traicionero; se desbordaba y causaba desastres.
No penséis que no tenía agua, yo recuerdo riadas que daban miedo. El agua llegando a la Iglesia, las campanas repicando..., era impresionante ver a nuestros mayores con tanto miedo.
El agua llegaba a tapar los ojos del puente de agua. No lo toméis a broma que es verdad.
Seguramente, toda el agua que llevaba el Valdeginate, ahora se ha desviado a algún canal. Menos mal que hay agua corriente en las casas.
En el largo invierno los niños/as disfrutábamos de pista de patinaje sobre hielo natural.
Qué de culetádas nos dábamos en la laguna pellejinas si se rompía el hielo... Como estaba cerca de las escuelas podíamos disfrutar a menudo.
Lo malo era cuando nos presentábamos en casa calados o manchados o con alguna rotura. La que se venía encima era buena por enredar por la laguna.
Hoy esta seca. Es una pena que los niños no puedan disfrutar a
escondidas de los padres del patinaje sin patines con peligro de rotura
de huesos.
Qué recuerdo más bonito eso es para quien lo hacíamos...
¿alguna persona no resbaló y manchó la ropa en cualquier
estación de año? A que no.
Llega la televisión a Frechilla. Había algunas, no muchas. Es posible que al principio hubiera media docena. Con los años fueron estando en todas las casas.
Recuerdo la boda de los reyes Fabiola y Balduino en el año 60 ó 62. La ví en la Peña (la de la carretera, no la de ahora) subida a la ventana por fuera por que adentro no nos dejaban entrar (nuestro padre no era de la peña). Nos dejaron ver la boda un rato a cada crío.
En la barra tenia una habitación con sillas y bancos. La televisión tenía una luz encima, decían que era bueno para la vista. A la señora Nati le comprábamos pipas, caramelos, el famoso chicle bazoka... chucherias como se dice hoy.
Veíamos los domingos por la tarde el programa infantil Día de fiesta, algún que otro programa de canciones regionales que hacían por las ciudades de España, El fugitivo y Bonanza.
En aquellos años existía la censura y no se podía
ver ni oír cualquier cosa. La 1ª película que yo vi
fue una obra de teatro, Don Juan Tenorio. Para mi sorpresa me encontré
a la salida a Don Ramón el cura, que salía del casino.
Menudo cuco me dio, la película no era para niños.
Hoy los niños no tienen problemas de ese tipo porque en sus casas
tienen tele, video, ordenador, etc. Hay más libertad.
La tele fue buena para los niños y también para los mayores
que se entretenían con los toros, los festivales, el fútbol,
las películas, etc.
Al principio se veían en los bares, sólo los niños/as y los hombres. Las pobres mujeres se quedaban en casa, no estaba bien visto que una mujer fuese a un bar.
Las jóvenes empezaron a ir a los bares más tarde, y hoy el que quiere entra sin importar el famoso ¿qué dirán las "cotillas" del pueblo?.
Hay suficiente libertad para que cada uno o cada una pueda hacer lo que
quiera, para esto estamos en un pais democrático.
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