Edad antigua
Las murallas
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El retablo
La ermita de San Miguel
La ermita de Nuestra señora del Coso
El pósito
Un km. falta para llegar al pueblo y una cuesta suave, cortada por la carretera, nos invita a un alto en el camino. Es La Cuesta de los Frailes, que nos habla de un pasado remoto. Allí encontró un obrero del campo, hoy pastor, un puñal de la 2ª Edad del Bronce español y allí vemos, incluso a flor de tierra, fragmentos de tejas hispano-romanas, de ollas y tinajas grandes, de vasijas más pequeñas en cerámica negra, o roja aretina decorada con molduras finas y variadas o completamente lisa; incluso con un poco de suerte, alguna marca de alfarero.
El Frechilla que nació después de la repoblación iniciada en el siglo X, se fue agrupando dentro de las murallas que hicieron alrededor del casco urbano. La calle de Mediavilla, llamada de Dña. Urraca desde mediados del siglo pasado, era la que dividía de Este a Oeste, la villa amurallada. Al Norte quedaba la cuadrilla de S. Miguel al Sur la de Santa María y al Este de ambas cuadrillas, teniendo como línea divisoria la calle de la Albarrosa y la de S. Miguel hasta la iglesia, la cuadrilla de la Entera, llamada así probablemente porque con ella se formaba la villa amurallada entera.
Al otro lado de la laguna de la Cava, apareció más tarde una cuarta cuadrilla conocida con el nombre del Arrabal.
Las murallas llegaron en su mayor parte hasta 1836. Se abrían al Sur por la puerta de Santa María al Oeste por las de Mediavilla, de la Calle Mayor y el Postigo de S. Juan y al Norte por la de S. Miguel. Eran murallas más a prueba de bandidos o de pequeños grupos, que a prueba de ejércitos.
El más antiguo que he encontrado se remonta al año 989, si bien habla indirectamente de Frechilla, al señalar los límites de Mazuecos. Aparece en el Becerro I de Sahún (AHN), y habla de la donación que hizo Jimena, junto con su hijo Gonzalo González, de la villa de Mazuecos al monasterio de Sahún, tal como se la había adjudicado el rey Sancho a Gómez Mirellez por la carta puebla: “Limitada por sus términos antiguos, por el de Pilella y por el de Fractella, según fue repoblada de escalio”.
En el mismo emplazamiento se encontraba la anterior, de corte típicamente Mudéjar; después del incendio espectacular del 24 de febrero de 1533, no quedó de ella más que la torre y la capilla mayor. El daño fue tan grande que se necesitaron 3 largas etapas, para hacer de nueva la actual desde los cimientos. De este modo su fisonomía cambió tanto que, de Mudéjar pasó a ser una mezcla de Renacimiento, Barroco y Neoclásico.
La portada del Mediodía se hizo por entonces, de un plateresco tardío típico de aquella época. Si nos fijamos en la portada del Norte, veremos una mezcla curiosa de estilos: El arco carpanel, así como todo el apoyo desde la base es de un gótico tardío que empieza a dar paso al plateresco, de comienzos del siglo XVI. En 1628 se empezó a construir el amplio coro.
La elevación de la Torre se hizo de ladrillo y el remate final en cúpula y linterna, que con la cruz se acerca a los 50 metros.
La Sacristía fue creada en 1680 de piedra de sillería y tapial con una elegante cajonería de nogal.
Pieza monumental de 15m. De ancho por 24 de alto, es de un barroco tardío abierto ya a las líneas neoclásicas, ni recargado ni austero, resulta grandioso y elegante, equilibrado y armónico, hasta el punto de que en la página 147 del Tomo II de la reciente Historia de Palencia, leemos: “...Pero el retablista más descollante(se entiende del siglo XVIII en Palencia) fue Juan Manuel Becerril, representa un barroco muy avanzado, culmina su estilo en el retablo mayor de la parroquial de Frechilla, obra maestra del rococó palentino, y sin duda uno de los más notables retablos barrocos españoles”.
El de las Ánimas fue tallado por Francisco Tejedor en 1767 y el de la Virgen del Rosario en 1656 por Manuel de Salceda.
Bajo el coro y de espaldas a la portada tapiada del Poniente, nos sorprende un calvario gótico de buen tamaño. En los rostros de la Virgen y San Juan se descubren todavía rasgos típicos del románico, y bien podía datar el conjunto de finales del siglo XIII, o a lo sumo, de comienzos del siglo XIV. El pequeño retablito con sedas columnas salomónicas, es de la primera mitad del siglo XVII y fue policromado en 1648.
También cabe destacar el magnífico órgano recién restaurado.
A Extramuros de la villa, a casi un kilómetro en dirección Norte, se alza un edificio amplio de una sola nave, con linterna al Levante y espadaña al Poniente, es la ermita de San Miguel. Sus muros hablan de solidez, piedra y entrepaños de tapial bien trabajado en la parte más antigua, y ladrillo con entrepaños de tapial en la ampliación que concluyó 17 años después. Es la visita obligada de los frechillanos que viven en el pueblo, y de los que viviendo fuera, vuelven con los días contados. En su interior vemos bóvedas de cañón con lunetos, adornadas con yeserías barrocas poco cargadas. La capilla mayor iluminada por la airosa linterna, tiene cúpula sobre pechinas, adornada de graciosas yeserías de 1674-1675.
Aunque antigua ya que data de mediados del siglo XVII, es la tercera. La primera de que tenemos noticia, estaba ya ruinosa en 1399. Según pergamino auténtico, acta notarial de 1401, se apareció San Miguel al ermitaño Pedro Hermoso y le instó a que le reedificara la ermita, “sino le destruiría”. En el año 1675 Juan de Medina Argüelles hizo el retablo mayor.
Al Noroeste de la plaza, se alza esta ermita de única nave, cubierta con bóveda de cañón con lunetos, y una amplia cúpula adornada con ricas yeserías barrocas. Mide diez metros de ancho por veinte de largo, y está dedicada a Nuestra Señora en su advocación del Coso.
Formando esquina con la calle de doña Urraca y la travesía del coso, encontramos un amplio panerón, con ventanas altas enrejadas. Sobre arco de medio punto de piedra blanca, que enmarca la puerta de entrada, hay un azulejo blanco que lleva la inscripción de Pósito Pío.
Estamos en la calle de doña Urraca, antiguamente llamada de Mediavilla. Por las fiestas patronales de San Miguel, lo vemos muy animado: Niños, mayores y, sobre todo jóvenes de diversos pueblos, entran salen y, al son de la música, se baila hasta muy avanzada la noche.
Pero no fue precisamente para estas expansiones para lo que fueron levantados sus gruesos muros de piedra y tapial, sino para depósito de trigo, para tener reservas con que poder atender las diversas necesidades del pueblo; y así tiene una capacidad para recoger por lo menos 1.000 cargas.
Este edificio, es un gran edificio singular de Arquitectura típica castellana ya que fue inagurado en 1596
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