| Ermitas, cuadrillas y color |
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| Turismo - Ermitas, cuadrillas y color |
![]() Si ayer, cuando visitamos Mazuecos, les contaba que a su iglesia estuvo a punto de llevarla a la ruina el conocido como Terremoto de Lisboa, hoy - al visitar Frechilla - les digo que la que fuera su antigua iglesia parroquial no tuvo mejor suerte, pues un incendio ocurrido en el siglo XVI acabó con ella, por lo que hubo que reconstruirla posteriormente. La hoy esbelta e imponente torre de la iglesia parroquial de Santa María (de Valvanera) conserva gran parte de los cinco cuerpos originales que conformaban la antigua, que según parece, era muy similar a las que podemos admirar en Santa Eulalia de Paredes o Castromocho, ya que se remataba con chapitel de azulejería. Cuenta este templo con dos bellas portadas de ingreso del gótico plateresco, y dentro de él, podremos contemplar varios retablos. Destacan el mayor - de época barroca sin dorar -, la sillería del coro y una pequeña y curiosa talla del XVII del Niño Jesús Dormido, de anónimo maestro castellano, que formó parte de la exposición Las Edades del Hombre de Palencia, así como un órgano - considerado como uno de los mejores de Castilla y León -, y en cuya caja intervino el mismo ensamblador, que tuvo mucho que ver en la cajonería que también podemos admirar en la sacristía. Frechilla, tiene mucha más monumentalidad que ver y visitar. A la parte norte del pueblo y sobre la margen izquierda del río Valdeginate, localizamos la ermita de San Miguel Arcángel, donde se aloja el patrón del pueblo y la imagen de un Cristo Crucificado. Y junto con la Inquisición, dio quebraderos de cabeza a un judío conocido como Jácome, pero si quieres conocer la leyenda, tendrás que ir a Frechilla para que te la cuenten, pues es un poco larga. Varias más fueron las ermitas que existieron en Frechilla: San Mamés, San Martín, Santiago, San Román, San Nicolás y Albarrosa, a las que atendían otras tantas cofradías. De todas ellas, sólo se conserva - dentro del casco urbano de la villa y unida al ayuntamiento - la ermita de Nuestra Señora del Coso, que es un edificio barroco de finales del siglo XVII de una sola nave con bóveda de cañón con lunetos, sobre la que se instala una gran cúpula adornada con yeserías de la misma época. Frechilla fue una importante villa medieval terracampina y hasta Cabeza de Partido Judicial - aún se mantiene en Frechilla el Registro de la Propiedad, en cuyo archivo se conservan más de dos mil tomos que documentan propiedades desde el siglo XIX -. Así, al recorrer su trama urbana veremos que sus calles se distribuyen de una forma ordenada, pues estuvo dividido el pueblo en cuatro barrios o cuadrillas, de las que se han conservado sus nombres: San Miguel, Santa María, La Entera y el Arrabal. Entres por la calle que entres a Frechilla, todas ellas te terminarán llevando a su bien urbanizada y cuidada Plaza Mayor, donde podrás ver el edificio de su ayuntamiento, la ya mentada ermita de Nuestra Señora del Coso y el excelentemente rehabilitado para usos sociales y culturales Pósito Pío. Cerca de él, se encuentra el bar La Playa, donde ya hace unos años su propietaria Lucía me dió para comer una alubias 'vivillas' que te chupabas los dedos, seguidas de pichones escabechados, a los que acompañaron, para desengrasar, unos dulces conocidos como bollos listos y bollos tontos, que son tradicionales de esta acogedora villa terracampina. Sin apartarnos mucho de este entorno urbano, también se pueden contemplar excelentes ejemplos de rehabilitaciones llevadas a cabo en las que fueran viviendas tradicionales del pueblo, algunas de ellas enlucidas con atrevidos colores, que por no ser muy corrientes en nuestra tierra, llamarán la atención del visitante, pero que no deslucen la belleza de un pueblo, sino que la alegran poniendo una nota de color. Escrito por Gonzalo Alcalde Crespo Edición digital del Norte de Castilla
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| Última actualización el Domingo, 09 de Agosto de 2009 01:27 |
Ermitas, cuadrillas y color


